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La concentración: ¿se ha perdido la capacidad de prestar atención? 

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¿Cuántas veces has comenzado una tarea y, antes de terminarla, has consultado el teléfono, respondido un correo o empezado otra actividad?

Hola lector, lectora…

¿Cuántas jornadas has terminado con la sensación de haber estado haciendo muchas cosas, y sin haber avanzado realmente en lo importante? 

Se ha normalizado tanto una forma de funcionar en la que estar ocupados/as parece ser sinónimo de productividad y responder inmediatamente se interpreta como una muestra de compromiso profesional.

Sin embargo, estar constantemente activos/as no significa estar verdaderamente concentrados/as…

Vivimos rodeados/as de estímulos, interrupciones y una necesidad constante de estar disponibles.

¿Y qué consecuencias tiene esta forma de vivir y de trabajar sobre tu capacidad de concentración?

Tu cerebro no está diseñado para atenderlo todo

La concentración es un proceso cognitivo que te permite seleccionar información relevante, mantener la atención e inhibir estímulos que interfieren con tus objetivos.

Y aunque suelas pensar que puedes realizar varias actividades simultáneamente…

Cuando estas requieren un esfuerzo cognitivo considerable, tu cerebro necesita alternar la atención entre ellas.


Y, además, cada cambio tiene un coste.

Interrumpir una tarea para responder un mensaje, revisar una notificación o atender otra cuestión implica posteriormente recuperar el contexto y volver a conectar con aquello que estabas haciendo.

Cuando esta dinámica se repite constantemente, puede aumentar el agotamiento mental y reducir tu capacidad para desarrollar un trabajo profundo.

Y el problema no está únicamente en la tecnología o en las interrupciones externas. También está en los hábitos que has construido y en tu relación con la inmediatez. Que esto nos daría para escribir otro post futuro, aunque ahora lo dejaremos así 🙂

-> La concentración también tiene una dimensión emocional
Puedes tener una agenda perfectamente organizada, un espacio de trabajo silencioso y acogedor, todas las herramientas necesarias y actuales y, aun así, experimentar dificultades para concentrarte.
¿Por qué?  Porque tu capacidad de atención también está condicionada por tu estado emocional, y mucho.


Las preocupaciones, el estrés, la incertidumbre o la necesidad de anticipar continuamente lo que puede suceder consumen recursos cognitivos…

Y aquí aparece una dimensión que pocas veces se relaciona con la concentración: el autoconocimiento.

Una herramienta que puede ayudarte a comprender qué te distrae, reconocer cuándo estás mentalmente saturado/a e identificar por qué sientes la necesidad de interrumpir constantemente lo que estás haciendo, y a las demás personas, ojo. Se trata de una actividad que puede ayudarte a gestionar mejor tu atención, tu escucha, y en definitiva, a conocer el sorprendente mundo del automatismo y el ego.

Desde el enfoque humanista que promovemos en Inverta Mentor®, entendemos que mejorar la concentración no consiste únicamente en aplicar técnicas de productividad, sino también en desarrollar una mayor consciencia sobre la forma de pensar, sentir y actuar en tu día a día.


Cuando el ego también reclama tu atención…

Existe otro aspecto especialmente interesante: la necesidad de control, reconocimiento y validación. 

En ocasiones, puedes sentir que debes estar permanentemente disponible, responder inmediatamente y/o asumir numerosas responsabilidades para demostrar tu eficiencia.

Y quizás te cueste detenerte porque interpretas la pausa como una pérdida de tiempo. Te incomoda no estar haciendo algo y confundes la acumulación de tareas con el verdadero avance. ¿Es así?

¿Y cuántas de esas actividades responden realmente a tus prioridades, a la necesidad de sentirte productivo/a, necesario/a o reconocido/a?

A veces, la dificultad no está en concentrarse en lo importante, sino en renunciar a todo aquello que te hace sentir importante. Porque, ¿para qué realmente necesitas sentirte importante de cara al las demás personas?

Reconocer estos patrones requiere una honestidad personal, una consciencia y una disposición para cuestionar tu propia manera de funcionar. Y no es sencillo porque despojarte de tus capas y personajes, no es un trabajo cómodo de hacer.


Liderar también es prestar atención

En el ámbito profesional, la concentración adquiere una dimensión que trasciende la productividad individual. 

Un liderazgo consciente necesita atención para escuchar verdaderamente, comprender las necesidades de un equipo, analizar situaciones complejas y tomar decisiones sin dejarse arrastrar continuamente por la urgencia.

Cuando una persona lidera desde la reacción constante, es decir, es reactiva, corre el riesgo de gestionar acontecimientos sin dedicar el tiempo necesario a comprenderlos. Y liderar bien no consiste únicamente en resolver lo que sucede, sino también en desarrollar la capacidad de observar, interpretar y anticipar. ¿Cuántas veces has o te han liderado de esa manera?

Desde el liderazgo humanista, estar presentes es una condición esencial para construir relaciones basadas en la confianza y el respeto. Porque la concentración también es una forma de respeto: hacia nuestro trabajo, hacia las personas con las que nos relacionamos y hacia nosotros/as mismos/as.

Y también hacia lo más valioso que tenemos: nuestro tiempo de vida.


¿Cómo puedes recuperar tu capacidad de concentración?

Mejorar tu atención no exige necesariamente incorporar herramientas sofisticadas ni convertir cada minuto en una oportunidad para producir. A veces se trata de SIMPLIFICAR.

Aquí te mostramos algunos hábitos sencillos que pueden ayudarte: Identificar tus principales distractores, reducir las interrupciones evitables, establecer prioridades claras, respetar los descansos y aprender a realizar actividades sin simultanearlas con otras. Y seguro que los conoces, ¿los aplicas?.

Pero también se necesitan organizaciones que comprendan cómo funciona la atención humana. De poco sirve formar a los/as profesionales en gestión del tiempo si después trabajan en entornos caracterizados por reuniones innecesarias, prioridades cambiantes e interrupciones permanentes.

La productividad sostenible requiere de responsabilidad individual y de culturas organizacionales que favorezcan la concentración, la autonomía y el bienestar.  Y aquí las Human Skills, de autogestión, consciencia emocional, pensamiento crítico y capacidad de establecer límites, desempeñan un papel fundamental.


Y si ahora te decimos que el principal desafío que tienes será aprender a elegir…

Quizás uno de los mayores retos de nuestro tiempo no sea aprender a hacer más cosas, sino recuperar la capacidad de decidir conscientemente a cuáles queremos dedicar nuestra atención.

Porque aquello a lo que le prestas atención influye en tus decisiones, en tus aprendizajes, en tus relaciones, en tu entorno y en tu manera de vivir.

En Inverta Mentor® creemos que el desarrollo profesional y el desarrollo humano deben avanzar juntos. Por eso, acompañamos a personas y organizaciones a fortalecer sus Human Skills y construir formas de trabajar y liderar más conscientes, coherentes y sostenibles. 

Y acabamos este post de hoy con esta frase: «Concentrarnos no consiste en intentar llegar a todo, sino en aprender a estar verdaderamente presentes en aquello que elegimos hacer.»

Y muchas veces, no sabrás que ni siquiera estás presente…

Podemos entrenarlo aquí -> hola@invertamentor.com


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