Yo ego, Tú ego

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Hay una voz dentro de ti que a veces grita, otras susurra,…

Hola, lector o lectora,

Se trata de una voz que cree y quiere tener la razón, que busca reconocimiento en el exterior, que necesita sentirse vista, protagonista, validada, e incluso aplaudida…

Esa voz es el ego.

Y no, no es un enemigo, y tampoco es quien realmente eres. Es más bien una máscara, un personaje, una estrategia de supervivencia que aprendiste para protegerte, para no sentirte menos, para mantenerte a salvo de algo que consideras que te amenaza… Puro inconsciente.

Y aparece en los momentos más cotidianos sin avisar: en casa, en el trabajo, en un paseo con tus mascotas, con los niños, haciendo deporte…

Aparece cuando alguien no contesta a tus mensajes…

Y sientes que te ignora, que no mereces que te haga eso y que no lo valora… Y quizás se lo cuentes a alguien: «mira lo que me hizo».

Aparece cuando alguien te contradice…

Y te incomoda, no por lo que dice, sino porque hiere esa parte de ti que necesita tener la razón y como crees que tu verdad es absoluta

Aparece cuando alguien brilla más que tú…

Y sientes que su luz te apaga, te molesta que le vaya tan bien… Ves su proyecto y piensas «yo lo haré y me irá mejor, lo tengo claro».


A veces se cree que el ego sólo tiene que ver con la soberbia o la vanidad, y también se disfraza de humildad

Se esconde detrás de frases como “no soy suficiente”, “no estoy preparado o preparada”, “seguro que no lo hago tan bien”.

En realidad, el ego no solo infla, también encoge. Te mantiene en los extremos: o te hace sentir superior o te hace sentir menos. Y, en ambos casos, te aleja de tu centro, de la verdad, de la calma, de tu Ser.

El ego, además, no soporta el silencio, necesita movimiento, validación, ruido. Y sin embargo, cuando empiezas a observarlo, a mirarlo con curiosidad y no con juicio, te das cuenta de que no está ahí para hacerte daño, sino que funciona a través de patrones y creencias.

El ego es el que intenta protegerte del dolor, de la herida original de no sentirte suficiente, amado/a o reconocido/a. Y, en realidad, intenta protegerte de él mismo. Lo hace a costa de mantenerte desconectado/a de lo esencial. Te hace tapar vacíos y carencias buscando fuera ciertas distracciones en forma de alcohol, tabaco, sexo, salidas, televisión, dulces, deporte, etc., para no afrontar y enfrentar tus «mierdas». Huye, hasta que un día, tu yo más consciente decide parar de hacerlo.


El ego no se elimina, se integra, se reconoce, se abraza, se transforma… porque forma parte de tu evolución.

Cada vez que lo descubres actuando cuando te ofendes, cuando necesitas demostrar algo, cuando quieres controlar el resultado, por ejemplo, repite esta pregunta sencilla: ¿esto nace del amor o del miedo?

Y casi siempre, detrás del miedo, aparece el ego intentando tomar el mando.

Cuando dejas que la conciencia tome el lugar del ego, empiezas a vivir desde otro espacio. Ya no reaccionas, sino respondes. Ya no compites, sino compartes. Ya no buscas brillar más que otras personas, sino brillar con ellas.

Es un proceso lento, humano y lleno de tropiezos, y también profundamente liberador.


El ego no desaparece cuando dejas de escucharlo y de hacerle caso…

«Desaparece» cuando no dejas que dirija tu vida. Y es, en ese instante, cuando consigues observarlo sin identificarte con él. Eres el observador y no el pensador.

Se produce un silencio profundo, reflexivo, una calma que no necesita demostrar nada, rendición pura. Tu conciencia lo abraza. Sabes que todo eso que te hace reaccionar y accionar no eres tú, no es tu Ser.

Si llegas a ese punto, que no es sencillo, porque hay egos tremendamente complicados de gestionar, pregúntate esto: ¿por qué estoy pensando esto?, ¿realmente me identifico con este pensamiento?, ¿por qué me hace sentir así?, ¿qué está despertando en mi?, ¿qué quiere decirme?

Miles de pensamientos te bombardean cada día, la mayoría inconscientes y negativos, y tienen como protagonista inmenso a tu Ego. Porque cuando hay consciencia, no hay ego.

En otro post hablaremos de la consciencia y de cómo trabajar a este compañero de vida (ego) que, aunque te cueste observarlo, existe y te potencia, te confunde e incluso te anula. Cuando dejas de identificarte con «esa vocecita con tanto poder como tú le des», e incluso llegues al punto de reírte de y con ella, ahí empieza el verdadero liderazgo consciente: el de ti mismo/a.


Si estás en ese momento en el que quieres comprender tus reacciones, conectar con tu esencia y liderarte desde la autenticidad, te acompañamos a descubrirlo. En Inverta Mentor® trabajamos el liderazgo desde dentro: para que cada paso que des en tu vida y en tu empresa nazca de tu esencia, de tu Ser, y no de tu ego. ¡Hasta pronto!

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